sábado, 24 de noviembre de 2012

Mitad de la fiesta



Mitad de la fiesta, me alejo un poco de la bulla de la música y de las mujeres vestidas con atuendos tan apretados en donde ni el aire encuentra un resquicio para pasar. Me miro al espejo, hago una mueca. Estoy mareado por el alcohol que he bebido, me río de mi mismo, voy al baño y me arreglo el cabello.

Vuelvo por otro vaso, le sigo hablando a la niña que he estado molestando toda la noche. El alcohol me da valor para darle un beso en la mejilla, ella se niega pero no del todo. Su gesto me hace entender que no quiere nada, por ahora. (Parece ser de esas que cuida las apariencias) Sigo con mi estrategia. ¿Otro poco de vodka?

Conversamos, se ríe un poco. Me hago el interesante y bailamos unas canciones, de pronto el tiempo no tiene segundos, parece tener lyrics. Sí, a lo gringo. Me voy un rato y hablo con unos amigos para hacerme extrañar. No por mucho. Vuelvo.

Hablamos en un sofá alejado de todos y empiezan los juegos, ella se hace la difícil, pero también está mareada. Le sobo la cara, y juego con su cabello, me alejo. Ella me dice que le parezco lindo y es el momento de otro beso en la mejilla. No se niega. Seguimos hablando y son los momentos más felices de todos, imagino que todo se detiene, que el cielo hace pausa aunque no lo veo por el techo.

Me acerco aún más y es ahora ella quien me besa los pómulos, se percibe el olor a vodka aún cuando me comí un par de mentas. Creo que a nadie le importa. Los sonidos, el roce de nuestras manos, todo es tan excitante. Me acercó apenas, ella permanece quieta. Aún sentados la rodeo con mis brazos, me acerco aún más, siento su respiración. Estamos frente a frente, boca a boca, el aire que exhala es el que yo respiro y de repente como si apareciera magia, nuestros labios se juntan y siento la belleza de sus besos. Un poco atolondrados y sin una secuencia clara,  pero sin duda unos besos espectaculares. Siento un cosquilleo por el cuerpo, nos separamos y sonreímos.

He de haber pronunciado unas diez palabras como mucho el resto de la noche, nuestras bocas estaban ocupadas en algo mejor.