lunes, 8 de abril de 2013

Un trabajo con cero.



Salía de clases, no quería irme porque en menos de dos horas tenía otra materia y volver a mi hogar era mucho tiempo. Unas ganas de ir al baño increíbles, voy al baño de discapacitados, es el más cómodo en cualquier lugar. Salgo con un aire de tranquilidad, cojo mi laptop y me siento a perder el tiempo.

Todo lo hacía con lentitud, como si estuviera en cámara lenta, un ligero sueño invadía mi cuerpo y el bostezo se apoderó de mi boca. Solo quería que pase el tiempo rápido. Tenía una posición privilegiada, casi podía ver quien entraba y salía de la Universidad (es una Universidad pequeña) el internet estaba lento y no abrían mis páginas.

De repente salió ella, una morena con tacos y jean. Su culo era perfecto, sus tetas se mecían con su caminar y el escote era una invitación a la fantasía. Pelo lacio, nariz fina y ojos claros.
Como yo, tomó su computadora y se sentó a mi lado. Puedo sentarme aquí preguntó.  Con una sonrisa y fingiendo que no quería verla asentí con la cabeza.

-Puedes conectar el cable por fa -Dijo ella.

-Claro –dije- ¿Cuál es tu nombre?

-Viviana –dijo- pero dime Vivi.

Conecté el cable, no podía dejar de ver sus redondos pechos. ¿Sabría ella lo hermosa que es? ¿Tendría chance de invitarla a un café? Me excité solo de imaginarme que la tocaba.

-¿Y tú, cómo te llamas? –preguntó.

- Alfredo-respondí- ¿Qué estudias?

-Psicología, en la facultad de Recursos Humanos.

-Yo estudio Ciencias Políticas.

Ahora no quería que el tiempo pase rápido, quería quedarme ahí. Quería besarla, abrazarla, quitarle la ropa y sentir todo su cuerpo.

Sin pensarlo mucho, como si las palabras huyeran de mí dije; ¡Vamos te invito a almorzar!

-Oh gracias, pero no tengo hambre.

-Entonces vamos a otro lugar, aquí estoy aburrido. Caminemos al centro comercial de al frente (un centro comercial  muy limitado por cierto)

-Vamos-dijo ella- deja guardar la compu.

Cruzamos la calle, que es todo un suplicio. Le propuse dejar sus cosas en mi carro para caminar por el lugar. Dejó su bolso y yo dejé mi maleta.

Al chocarnos con la puerta de entrada, esta estaba cerrada.

-¡Miércoles!-dije – es impresionante, toda la vida está abierto y no vengo, y cuando vengo se les ocurre cerrar.

-Vamos a otro lugar-dijo riéndose.

Mientras volvíamos al carro le miraba el culo que sobresalía de su jean. Yo tenía una erección y para que no se notara me metía la mano izquierda al bolsillo. Nos subimos al carro y puse mi música. Cuando se puso el cinturón sus tetas se apretaban y yo me excitaba más.

-Vamos a un lugar cercano-dije-tengo clases en una hora.

-Está bien-respondió-yo tengo que volver a la u para un trabajo en grupo.

Maneje hacia el norte, ella no quería comer y a mí no se me ocurría nada más. Me metí mal en una virada por estar distraído con sus piernas. Quería dar vuelta en u pero no se podía, avance unas dos calles más y paré en un semáforo. Viré a la izquierda y me encontré con una calle llena de moteles, desfilaban uno tras otro.

Nunca he entrado a uno-le dije- no se ven como los pintan en los reportajes amarillistas.

-¿Cómo han de ser por dentro? –preguntó ¿Cuánto ha de costar?

Me reí, pero yo también tenía esas preguntas.

-¿Cuánto tiempo te puedes quedar?-dije.

-Mira  ¡cubren con cortinas los carros!- gritó.

-Vamos a preguntar cuánto cuesta-propuse.

Entramos con el carro y un guardia se paró a la izquierda del carro.

-¿Suite o simple?

-¿cuánto cuesta la suite?

-Veinte, es completa y tiene una silla de posiciones.

-¿Y la simple?

-Quince.

Tenía un poco más de cuarenta billetes en mi cartera, la miré. Era hermosa, sus tetas me pedían que las toque, sus piernas querían que las saque de ese jean que las asfixiaba. Su boca me llamaba. Yo seguía con una erección.

-¿Entramos?

-Vamos-dijo.

-Parquéese en la dieciséis. –Habló el señor- puede que espere un rato porque están limpiando.

Parqueé el carro sin dificultad, el señor cerró las cortinas. Ambos estábamos nerviosos, nos bajamos del carro. Era demasiado rara la situación, ella subió primero las escaleras. Yo iba atrás viéndole todo su trasero, quería tirarla en la cama y hacerle el amor.

Me acordé de los preservativos que me regaló Juan, mi mejor amigo.

-Espérame un rato Vivi, se me quedó el cel en el carro.
Bajé a toda prisa, abrí el carro, abrí la guantera y cogí la caja de condones lubricados. Subí las escaleras. Ella estaba abriendo la puerta. Entramos. Una cama de dos plazas, televisor, dos toallas y dos jabones en la cama. El baño estaba a la derecha y había otra puerta con un cubo de madera que sobresalía de ella, una de sus caras estaba abierta.

Tocaron esa puerta y una voz de mujer dijo- cancelen.
Puse un billete de veinte en el cubo, una mano lo retiró y en menos de diez segundos puso un billete de cinco.

-Su cambio.

Tomé el billete y lo guardé en mi bolsillo. Miré a la morena, estaba más excitante que nunca. Quería hacerla gritar, arrancarle la ropa, no me podía contener.

-Eres hermosa.

Le agarré la cintura y la acerqué hacia a mí. Con fuerza la besé en los labios, luego en el cuello. Al principio parecía resistirse pero luego ella también me besaba. Recorría su culo con mis manos, mis dedos la tocaban en su sexo, le halé la blusa.

-Cuidado la dañas.

Se la sacó sola, sus tetas eran redondas y gigantes, parecían dos montañas. Le saque el sostén. Nos besamos como locos. Me desabroche el pantalón. La empujé contra la cama. Le saqué el jean y agarré sus nalgas.

Cayó del todo mi pantalón, saqué mi sexo, jamás había estado tan hinchado y duro. Por el momento casi olvido los condones. 

-No quiero hacerlo-dijo ella. No sin condón.

Me apresuré a encontrar la caja en mi pantalón, arranque la tapa y saque uno.

-Ábrelo, tú tienes uñas- dije.

Lo abrió y me lo dio, lo desenrollé lentamente sobre mi sexo.
Seguimos besándonos. Sus manos se clavaban en mi espalda. Sus tetas se aplastaban contra mi pecho. Mi sexo rosaba el suyo.

Retrocedí mi cuerpo un poco aunque sus manos me halaban hacia ella. Entré en su cuerpo, chilló como un gato.

Iba hacia arriba y abajo con ayuda de la cama, clavado en ella. Ella gritaba y gemía.

Después de dos horas bajamos juntos, ella estaba un poco despeinada. Nos subimos al carro.

-Pon la música si quieres-dije.

Llegamos de vuelta a la universidad. Ella me dio un beso y salió corriendo para su reunión.

Me bajé, tomé mi mochila. Camine hasta mi clase. Llegué a la segunda hora. Abrí la puerta.

-Discúlpeme profesor por la tardanza, tuve un inconveniente con el carro.

-No hay excusas, entra- respondió-Hicimos un trabajo. Tienes un cero en eso.

-Está bien-dije mientras sonreía- es el mejor cero que he sacado.



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